lunes, 18 de febrero de 2013

MINERALOGÍA Gemas


MINERALOGÍA

Gemas

Con su rareza, las piedras preciosas suponen una valiosa fuente de información para los geólogos que investigan la dinámica interna del planeta.
  • Groat, Lee A.
 
Wikimedia Commons/CC BY-SA 3.0

En síntesis

La formación de yacimientos de gemas requiere condiciones geológicas excepcionales. El interés en desentrañar la historia de tan insólitas circunstancias ha suscitado un creciente número de investigaciones geológicas.
El presente artículo se centra en las propiedades, distribución y origen geológico de algunas de las piedras preciosas más conocidas y de mayor importancia: diamante, rubí, zafiro, esmeralda y otros tipos de berilo, crisoberilo, tanzanita, tsavorita, topacio y jade.
La localización y descubrimiento de nuevos yacimientos se realiza hoy mediante imágenes de satélite, fotografías aéreas, prospección geoquímica y otras técnicas modernas de prospección gemológica.
Durante milenios, las gemas se han considerado objetos preciados en razón de su brillo y esplendor. Se cotizan por el color, el brillo, la transparencia, la durabilidad y el alto valor en relación a su pequeño volumen. Debido a que la explotación de numerosas gemas se consigue con operaciones bastante sencillas, de bajo coste y en regiones remotas de países en vías de desarrollo, es difícil obtener estadísticas precisas sobre su producción y valía. Con todo, sabemos que la producción mundial de diamantes brutos en 2008 se cifró en 12.700 millones de dólares; en 2001, Colored Stone, revista del sector, estimó que el comercio mundial de piedras preciosas alcanzaba 6000 millones de dólares al año. Existen ya variedades sintéticas de muchas gemas, pero no gozan todavía de una repercusión significativa en el mercado internacional.
La elevada cotización de las piedras preciosas radica, en parte, en su rareza. Un yacimiento típico de diamantes produce 5 gramos de gemas por millón de gramos de material extraído; de ellos, solo el 20 por ciento posee la calidad deseada en joyería. Al igual que el petróleo, el proceso de formación de las gemas puede abarcar un dilatado período de tiempo geológico. La datación radiométrica de inclusiones microscópicas en diamantes revela edades comprendidas entre 970 y 3200 millones de años. Consecuentemente, la tasa de extracción de gemas de alta calidad es muy superior a la de su formación y, por tanto, suponen un recurso limitado. Por ejemplo, una mina de esmeraldas que comenzó a operar en 1981 en Santa Terezinha, Brasil, produjo un pico de 25 toneladas de material bruto, que fue valorado en 9 millones de dólares en 1988; en 2000, el mismo tonelaje se vendió por 898.000 dólares. En razón de esa misma escasez, los geólogos les conceden un valor muy significativo. La formación de yacimientos de gemas requiere condiciones geológicas excepcionales. El interés en desentrañar la historia de unas circunstancias tan insólitas ha suscitado un creciente número de investigaciones geológicas en torno a las gemas y su origen.

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