Tiempo profundo

Pedro CastiñeirasDe todas las peculiaridades que nos caracterizan a los geólogos, posiblemente la que más nos aleje de la realidad que nos rodea sea nuestra capacidad de concebir la inmensidad del tiempo geológico.
Para un ser humano corriente, la percepción del tiempo está condicionada, entre otros factores, por la longevidad de la especie, la sucesión de ciclos naturales y las convenciones sociales. Así, nos es posible comprender por la experiencia directa procesos cuya duración no sea mayor que nuestra propia vida y tenemos una tendencia natural (o artificial, mejor dicho) a medir dichos procesos en función de nuestra escala temporal. Con el estudio de la historia o la observación de obras de arte más antiguas, podemos apañarnos relativamente bien con períodos de tiempo algo mayores, como siglos o milenios (dos o tres a lo sumo). Si meditamos cuidadosamente sobre los escasos descubrimientos arqueológicos que existen, seremos capaces de vislumbrar que hubo seres humanos habitando el planeta hace algunos milenios más. Pero al sobrepasar los tres centenares de milenios nos perdemos y nos cuesta muchísimo imaginar la historia anterior a la aparición del Homo sapiens.
Si nos es difícil en el momento actual adentrarnos en el tiempo geológico, imaginaos hace unos 250 años. En aquélla época, lo más cercano a una cronología universal estaba publicado en la Biblia. De hecho, un arzobispo irlandés (James Ussher) calculó que la Tierra fue creada a las 9 de la mañana del día 25 de octubre del año 4004 a.C. Ahora nos resulta una fecha ridícula, pero en aquel entonces estaba ampliamente aceptada. Así, para poder explicar los fenómenos geológicos en un período de tiempo tan corto surgió la teoría del Catastrofismo, que establecía la existencia de grandes cataclismos que habían ocurrido durante el pasado de la Tierra. Aunque esta teoría estuvo vinculada mucho tiempo a la interpretación literal de ciertos pasajes bíblicos (como el Diluvio universal), hubo un grupo de científicos que consideraron el Catastrofismo como una teoría científica desligada de la Biblia (el más importante de ellos, George Cuvier).
En este contexto, tiene muchísimo mérito que un geólogo escocés, James Hutton, se desmarcase completamente de esta concepción bíblica del tiempo y de la teoría catastrofista para establecer dos de los conceptos fundamentales en los que se basa la Geología moderna: el principio del Actualismo, que se puede resumir en su frase "el presente es la clave del pasado", y el principio del Uniformismo, según el cual, los procesos geológicos ocurren de manera gradual. De esta manera, a Hutton no le salían las cuentas al intentar explicar, por ejemplo, la formación de los valles en las grandes montañas ya que, al ritmo de erosión actual, eran necesarios millones de años para llegar a desmantelar todo ese material. Para explicar las nuevas dimensiones temporales a sus contemporáneos, cuyas escalas de tiempo eran inconmensurablemente menores, utilizó la famosa frase: "El resultado, por lo tanto, de nuestra investigación actual es que no encontramos huellas de un principio, ni perspectiva de un final (no vestige of a beginning, no prospect of an end)." Pero esta metáfora cayó muy mal entre el estamento científico ya que su interpretación literal violaba las leyes físicas sobre la imposibilidad del movimiento perpetuo.
El ataque desde la física vino de la mano del famoso Lord Kelvin, uno de los mejores científicos de la época. Llevó a cabo unos minuciosos cálculos basados en los conocimientos que se tenían entonces sobre la formación de la Tierra, su evolución térmica y la suposición de que la Tierra perdía calor de manera gradual. Así, obtuvo una edad de 98 millones de años, lejos de los aproximadamente 4500 millones de años que sabemos que tiene en la actualidad, pero inmensamente mayores que los 6000 años que se estimaban según las cuentas bíblicas.
Merece la pena resaltar que Darwin también estuvo involucrado en la polémica, ya que usando el actualismo huttoniano calculó que para erosionar ciertos materiales del sureste de Inglaterra eran necesarios unos 300 millones de años. Ni que decir tiene que a Darwin le venían muy bien estos datos de tiempo tan dilatados para poder explicar su Teoría de la Evolución. De hecho, Darwin es considerado por muchos geólogo antes que biólogo y yo creo que es por su capacidad de entender el tiempo geológico.
Finalmente, la metáfora de Hutton sobre la existencia del tiempo profundo recibió un empujón por parte de la física. El descubrimiento de la radiactividad proporcionaba a la Tierra una fuente de energía muy potente que invalidaba los cálculos de Lord Kelvin y que, además, serviría para conocer la edad de la Tierra de manera más precisa, a partir de los métodos radiométricos.
Para profundizar sobre esta parte de la historia de la Geología, os recomiendo este libro Hallam, A. (1985). Grandes controversias geológicas. Ed. Labor, Barcelona. 180 pp. También es muy entretenida una serie de vídeos titulada Men of Rock, producida por la BBC y presentada por el geólogo escocés Iain Stewart. En esta serie, Stewart presenta a los pioneros de la geología escocesa y en el primer capítulo (llamado precisamenteDeep time) habla extensamente de la figura de Hutton. Desafortunadamente, no es posible adquirirlos todavía, pero se pueden encontrar en YouTube (con subtítulos no muy buenos, pero con los que te puedes hacer una idea). Aprovecho para recomendar el resto de sus trabajos, que es de lo mejorcito que he visto en documentales de naturaleza en los últimos tiempos. Y por supuesto, los especiales sobre el tiempo de Investigación y Ciencia y Temas, así como un artículo sobre Darwin geólogo.