miércoles, 22 de marzo de 2017

Nuevo paradigma dietético sobre las grasas

El informe ha dado lugar a titulares, por ejemplo, en The Gardian (Official advice on low-fat diet and cholesterol is wrong, says health charity) y The Telegraph (Eat fat to get thin: Official diet advice is "disastrous" for obesity fight, new report warns). También New Scientist en su número del 11 de junio le dedica la portada, la editorial y un reportage. En nuestras latitudes el episodio ha pasado desapercibido salvo para algunos blogs o páginas especializadas como las de El Mundo(Comer grasa, imprescindible para perderla). En cualquier caso, el documento ha sido duramente criticado por la comunidad científica tradicional que insiste en que el consumo de grasas saturadas no es óptimo para la salud cardiovascular. También, la Association of UK Dietitians se ha desvinculado de las recomendaciones del NOF y uno de los entes del gobierno responsables de salud, el Public Health England ha calificado el informe de irresponsable y engañoso.
Todo este revuelo se ha producido después de que uno de los principales impulsores de este nuevo paradigma dietético, el Dr. David Unwin, médico de cabecera de Southport, recibiera, a principios de año, uno de los premios del National Health Service como innovador del año. Este premio se le ha concedido, en parte, porque los pacientes diabéticos del Dr. Unwin, siguiendo dietas altas en grasa y proteínas, gastaron en medicinas un promedio de un 70 % menos que los pacientes que siguieron los regímenes más ortodoxos. 
David Unwin premiado
David Unwin premiado
Los primeros consejos dietéticos que reciben los diabéticos, una vez diagnosticados, son reducir peso mediante ejercicio y comer menos grasas y más fibra incluyendo pan y cereales y también más frutas y vegetales. Sin embargo, al igual que muchas personas sanas que quieren reducir peso, esta dieta no acaba de funcionar y después de un año del diagnóstico necesitan medicación oral para controlar los niveles de glucosa. El Dr. Unwin cuenta que su historia empezó con una de sus pacientes diabéticas rebelde que decidió por su cuenta emprender una dieta baja en carbohidratos. Cuando acudió a la llamada del Dr. Unwin por haberse saltado los controles rutinarios, este comprobó con sorpresa que la paciente había dejado de ser diabética. Este indicio fue el que le llevó a la decisión arriesgada de ofrecer a otros pacientes diabéticos reuniones semanales donde se les invitaba a seguir un nuevo régimen. Se trataba de reducir los alimentos con más almidón (p.e. patatas) y comer más vegetales bajos en almidón y frutas menos dulces como frambuesas y arándanos. En lugar de carbohidratos se les aconsejaba recurrir a carne, pescado, productos lácteos enteros, huevos y frutos secos. El caso es que los pacientes adelgazaban y mejoraban el control de glucosa, la presión arterial y el colesterol. El Dr. Unwin publicó los resultados con los 19 primeros pacientes en 2014 y desde entonces otros estudios realizados en USA han corroborado estos resultados. En uno de ellos participaron 34 pacientes obesos con diabetes tipo2. De entre ellos los que siguieron un régimen bajo en carbohidratos, alto en grasa y sin obligación de contar las calorías consumidas acabaron con unos perfiles sanguíneos mejores que los que siguieron la dieta más ortodoxa. Muchos de estos pacientes pudieron dejar de tomar como mínimo uno de los medicamentos antidiabéticos.

¿Prejuicios dietéticos?
¿Prejuicios dietéticos?
Este tipo de dieta no es ninguna novedad y puede decirse que es un redescubrimiento de la dieta de Atkinsque se hizo famosa al principio de los años 2000. En contra de toda ortodoxia los estudios con esta dieta han demostrado su eficacia. En uno de ellos con 156 mujeres que se sometieron ya sea a la dieta de Atkins o a una baja en grasas, se observó que al cabo de un año las participantes con dieta de Atkins habían reducido peso y su presión arterial y colesterol era mejores que las de la dieta baja en grasas. Estos resultados se replicaron en otro ensayo que duró dos años.

La idea de que hay que evitar las grasas en la dieta hasta niveles que han llegado a ser en algunos lugares como UK tan bajos como el 1 % de la ingesta total de alimentos (p.e. ver la recomendación "Eat well guide"del Public Health England de principios de este año en diagrama adjunto) viene de lejos. Las grasas se consideran el enemigo número uno contra la obesidad pues peso por peso producen el doble de calorías que los carbohidratos y las proteínas. También, a principios del siglo pasado se observó que las placas arteriales causantes de los ataques de corazón tienen un alto contenido en colesterol. A esta observación siguieron varios estudios que concluyeron que los ataques de corazón eran más frecuentes en países donde la población consumía grasas, especialmente las saturadas procedentes de la carne y la leche. De esta relación inicial entre grasas saturadas y colesterol le viene la mala prensa que reciben las grasas saturadas. De hecho la catalogación de las grasas entre "buenas" y "malas" es una cuestión muy relativa a la luz de las nuevas evidencias.
Los beneficios de las grasas insaturadas que consideramos cardiosaludables lo son por su contenido en derivados omega-3 que tiene efectos antiinflamatorios, sin embargo, su contenido es muy variable de una grasa a otra o sea no todos los aceites insaturados son igualmente saludables. También sucede que cuando calentamos muchos de estos aceites vegetales se producen compuestos tóxicos de tipo aldehído que se han relacionado con enfermedades cardíacas, cáncer y demencia. Así pues es pertinente preguntarse si es más sano freír en aceite de girasol o en mantequilla. Por otra parte, también las creencias relacionadas con el colesterol se están tambaleando. Hasta ahora se ha creído que una elevada concentración de colesterol LDL (Low Density Lypoprotein) puede causar un aumento de las placas arteriales. Recientemente se ha observado que las partículas pequeñas de LDL inducen más formación de placas que las de mayor tamaño. También se ha visto que las partículas LDL de mayor tamaño se producen por consumo de grasas saturadas y las de menor tamaño por consumo de carbohidratos refinados. Estos datos y un buen número de publicaciones recientes ratifican el hecho que la influencia de las grasas de la dieta en la salud humana es un factor aún muy desconocido. Así, por ejemplo, un análisis (metaanálisis) de una serie de estudios concluye que las dietas bajas en grasas saturadas no están asociadas a menor incidencia de infarto de corazón y cerebro. Por otra parte, estudios clínicos aleatorios han conducido a pruebas contradictorias, así, mientras unos muestran beneficios saludables al reducir el consumo de grasas saturadas, otros indican lo contrario o ninguna mejora.
Todas estas nuevas evidencias es lógico que nos lleven a todos a rascarnos la cabeza y preguntarnos qué debemos comer. En algo en que todo el mundo está de acuerdo es que los azúcares refinados son perjudiciales. Sobre el resto de los alimentos es difícil de aconsejar pues si uno limita el consumo de grasas y carbohidratos se queda con pocas alternativas. Parece que una buena opción sería limitar las grasas saturadas, los azúcares añadidos y los carbohidratos refinados y ajustarse a una dieta mediterránea (pero alta en aceite), es decir, a base de legumbres y granos enteros, pescado, fruta, vegetales, frutos secos y aceite de oliva. En nuestras latitudes es algo a lo que estamos acostumbrados y que un reciente estudio muy extenso, llamado PREDIMED, ha confirmado. Estamos de enhorabuena pues los resultados del estudio indican que, en comparación con una dieta baja en grasas, una dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva o frutos secos ha demostrado que reduce en un tercio los ataques de corazóncuando se sigue durante un período de cinco años.
Por lo que respecta al Dr. Unwin y su dieta valga decir que la ha publicado en una página web abierta que desde su puesta en marcha el pasado noviembre ha recogido más de 110.000 suscriptores. De estos unos 80.000 han seguido la dieta durante 10 semanas y a su vez, unos 2.500 han respondido a una encuesta después de 6 meses de seguir la dieta. El resultado de la encuesta es que el número de pacientes que inicialmente tomaban medicamentos antidiabéticos, 70 % del total, se redujo al 60 % gracias a la dieta. En vista de ello, Unwin ha declarado que este es un buen ejemplo de lo que se puede conseguir en medicina sin demasiada intervención de los profesionales de la salud y de cómo internet puede llegar a democratizar la medicina. No dejan de ser estas unas consideraciones interesantes que podrían ser materia de otra entrada en este blog.