martes, 18 de julio de 2017

El necesario replanteamiento de las ciudades

Mi columna en El Español de esta semana se titula “Replanteando la ciudad” (pdf), y hace referencia a los cambios que empiezan a verse en cada vez más ciudades – de manera tímida por su relativa impopularidad entre los residentes – dentro del llamado “urbanismo táctico“, un término paraguas que hace referencia a acciones de rápida intervención, tales como el replanteamiento de espacios públicos, la introducción de elementos que desincentiven el uso del vehículo o las restricciones en determinadas zonas.
Un número cada vez mayor de ciudades empiezan a interpretar que diseñar sus espacios en torno al automóvil fue un error, que genera situaciones completamente insostenibles, y lo que es peor, que impide el desarrollo de soluciones de transporte que podrían ser muy adecuadas y pone en peligro a los ciudadanos. La reciente muerte de un ciclista en Madrid arrollado por una furgoneta es tan solo un caso, pero prueba que desplazarse por las ciudades actuales en bicicleta supone un auténtico peligro para la integridad física. Elementos que durante generaciones hemos considerado una parte fundamental de la ciudad, como la posibilidad de aparcar ocupando espacio en la vía pública, o la de repartir mercancías a cualquier hora simplemente deteniéndose delante de un establecimiento, precisan una completa remodelación para adecuar las ciudades a una nueva filosofía, a un diseño persona-céntrico, no automóvil-céntrico.
Calles colapsadas por vehículos aparcados en ambos lados, convertidas en garajes a cielo abierto, con una dedicación del espacio que carece de ningún sentido, circulación detenida o dificultada por vehículos de reparto o reducción efectiva del espacio destinado a las personas para privilegiar el espacio destinado al aparcamiento son situaciones que, desgraciadamente, todos nos encontramos en nuestro día a día en el entorno urbano. Poner las ciudades al servicio de las personas exige tomar decisiones complejas, con explicaciones que no gustarán a muchos. Restringir zonas completas al tráfico rodado, por ejemplo, prohibir el aparcamiento en superficie o designar ventanas de reparto logístico fuera de las horas diurnas son acciones que se encuentran con una contestación inmediata por parte de los vecinos afectados, pero parten de una cuestión fundamental: pagar unos impuestos no habilita a quien lo hace para apropiarse de un espacio público en una acera que podría ser dedicado a usos mucho más razonables, del mismo modo que favorecer el comercio local no pasa necesariamente por colapsar las calles con vehículos de reparto aparcados en doble fila, una función necesaria pero que debe desarrollarse necesariamente en horas valle, donde no comprometa otras actividades.
Ese tipo de acciones responden a una nueva realidad: las ciudades y los automóviles se han convertido en una mala combinación, en una trampa mortal e insostenible de congestión, polución y accidentes, y es preciso adecuarlas para que respondan a ello. Las acciones que habrá que tomar tendrán que ser valientes, decididas e inequívocas, desincentivando el uso del vehículo privado, recuperando el espacio destinado a aparcamiento en todas las calles para destinarlo a otros usos, replanteando zonas enteras para evitar que sean utilizadas como garajes, y favoreciendo medios alternativos de transporte que permitan prescindir del vehículo privado en un número cada vez mayor de ocasiones. ¿Puede una ciudad funcionar sin coches? No de manera radical, pero sí puede aproximarse progresivamente a un futuro en el que vivir en ella suponga que prescindir del vehículo privado no sea un castigo, sino una cuestión de lógica económica, en la que tener más automóviles que plazas de garaje en las que aparcarlos no sea posible, en la que el desplazamiento por la ciudad pueda llevarse a cabo con medios más razonables, económicos, versátiles y eficientes, y en la que los espacios urbanos pasen a funcionar de una manera mucho más lógica y orientada a las personas.
Pasar de esas iniciativas tímidas a acciones más decididas exige un cambio de mentalidad, y sin duda, va a costar, posiblemente toda una generación. Pero es fundamental empezar, superar esas primeras reacciones de impopularidad, y explicar las medidas adecuadamente. Las ciudades del futuro serán muy distintas a las que hoy conocemos. Y tendrán, sin duda, mucho más sentido.



This post is also available in English in my Medium page, “Why we need to rethink our cities, now”